Los fundamentalistas del empate

A pesar de que jugó con uno de más durante casi todo el partido, Racing igualó en cero con Gimnasia en La Plata. El punto le vino bien: mantuvo la distancia con el “Lobo” y ahora le lleva cinco a Rosario Central. Aunque si ganaba, la novela de la Promoción estaría casi terminada.
Habrá que sufrir hasta el final. Racing no puede escapar de su destino de dientes apretados y corazones que trepan hasta la garganta. Hoy tuvo todo servido en bandeja como para liquidar la historieta del promedio: los Jujeños descendidos, la mano de Montenegro con Central y el aliciente de las derrotas de Banfield y Godoy Cruz. Enfrente estaba Gimnasia, otro de los otro de los perseguidores. Y Marcelo Cardozo se hizo echar infantilmente a los 25′ del PT por un codazo a Zuculini. El panorama, entonces, era inmejorable.
Pero no, no hay caso con Racing. El hombre de más nunca se notó, porque el Lobo, obligado a ganar para descontar puntos (está a siete), planteó un partido de palo y palo basado en una de las principales virtudes de este equipo de Caruso: hacer de tripas corazón. El chiquitito Cuevas (juega bien, le falta compañía) fue el abanderado de la corajeada tripera. Comenzó a ganar la espalda de Chatruc y a encarar al lento Cáceres, que se las rebusca pero no siente la función de lateral.
Por su parte, Racing también tuvo lo suyo. Pero Sessa le ahogó los gritos a Ramírez y al propio Cáceres, y Lucero, cada vez más irresoluto, la tiró afuera cuando tenía tiempo de acomodarse mejor. De igual a igual, Gimnasia le paró el corazón a medio Avellaneda con un zapatazo de Cuevas que rompió el travesaño. Y Migliore tapó un tiro a quemarropa del urguayo Alonso. Enseguida respondió la Academia, con un remate en el palo de Yacob (de muy buen partido) y otro cabezazo de Ramírez, bien controlado por Sessa.
Los minutos corrieron y Racing comenzó con otra de sus marcas registradas made in Caruso: replegarse en el fondo. El DT acertó en sacar a Chatruc, amonestado y al filo de la roja, y poner a Lluy. Pero después hizo la de siempre. Adentro Mercado, afuera Lucero. A aguantar el empate, aunque con un jugador de más. Y se guardó un cambio innecesario para hacer tiempo en el final (Caballero), cuando Grazzini podría haber aprovechado los huecos de Gimnasia atrás y abastecer en los contragolpes a Lugüercio y a Ramírez.
De todos modos, y aunque el sabor es otra vez amargo, el punto sirve y mucho. La brecha con Gimnasia se mantiene, y se ensancha con Central. Pero da la sensación de que si el empate no fuera el único objetivo, y que si recordara los desempeños ante Arsenal y Vélez, este equipo ya estaría lejos de toda discusión. Pero esto es Racing. Y por mandato divino o terrenal, habrá que resignarse a aguantar lo que venga y como sea, el tiempo que sea necesario.
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