Basta de todo

Por fin: Racing derrotó 2 a 0 a Gimnasia de Jujuy y se salvó hasta de la maldita Promoción. Franco Sosa y Leandro González anotaron los goles en el segundo tiempo. Los jugadores y la gente festejaron a lo grande lo que al principio de la gestión de Caruso Lombardi parecía una utopía.
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Final del sufrimiento. Aunque sea por unos meses, Racing no se preocupará por las matématicas en lo que a los puntos respecta (el ámbito financiero es otro cantar). La trabajada victoria en Jujuy es el cierre de una lucha que realmente comenzó en el empate ante Argentinos, cuando el mediático pero efectivo Ricardo Caruso Lombardi tomó las riendas de un equipo que ya había sacado por anticipado varios números de una rifa que sorteaba pasajes al Nacional B.
No hay exageración: sin Caruso, Racing al menos tenía destino de Promoción. El desastrozo final de la gestión de Llop había dejado un equipo sin juego, sin coraje, y sobre todas las cosas, sin alma, que resignaba desde el vamos la posibilidad de rescatar algún punto: daba lo mismo que fuera de visitante o de local.
Pero la llegada de Richard generó un cambio sustancial en la actitud del plantel. Claro que hubo algunos tropezones, como el papelón ante Tigre, que no fueron caída. El nuevo Racing de Caruso, con varios cambios de figuritas (Aveldaño, Martínez, Wagner y Migliore adentro; Peppino, Mercado, Falcón y Campagnuolo afuera) y otros tantos tácticos (Franco Sosa jugó hasta de ocho) comenzó a cosechar puntos.
Apoyado en la vereda contraria a Llop, a Caruso no le interesaba atacar, y mucho menos lucirse. Había que cerrar el arco. Había que sumar, como sea. Había que meterle en la cabeza a los jugadores que cada pelota, cada centro, cada rebote y hasta cada lateral podía ser la última oportunidad para mantenerse en Primera.Todos comprendieron el mensaje. Aparecieron en altísimo nivel Migliore, Sosa, Aveldaño, Martínez, Zuculini, Yacob, y hasta Ramírez con cinco kilos de más.
Y no importaba lo que dijeran los demás. Porque Racing, además de sufrir con su promedio, tuvo que soportar las críticas de los que decían que aún en situaciones complicadas, se podía jugar lindo. Basta de guitarras, muchachos: Godoy Cruz, el conjunto referencia de los liristas, aún sigue penando, cuando sólo debió sumar dos puntos en las últimas fechas para eximirse. El Racing feo, ese que hizo y hace doler los ojos, se olvidó de todo una fecha antes del final.
El resultado de hoy fue una muestra más de carácter de un grupo de jugadores que aprendió a maquillar sus notables limitaciones, y a explotar al máximo las poquísimas virtudes. Áspero, sucio, trabado, aburrido, el partido se abrió gracias a la enorme capacidad de Franco Sosa para anotar goles en partidos importantísimos. Leandro González, uno de los más resistidos, cerró la persiana tras una enorme habilitación de Braian Lluy, un hallazgo inobjetable del DT.
Los festejos del final, con Caruso cantando desaforado como un jugador más, son el fiel reflejo de un plantel y un cuerpo técnico que se unieron para mantener a Racing en una divisional de donde, por historia y grandeza, no debería alejarse nunca jamás. Por eso, la alegría no debería explayarse mucho más. La mochila de los torneos anteriores es muy escasa en puntos, y en el campeonato que viene, la lucha será la misma.
No obstante, quizás este sea el comienzo de una nueva etapa. El primer paso fue correcto. Molina y los dirigentes, además de muchos aciertos a nivel institucional, escogieron bien al técnico. Dejaron de lado los prejuicios que generaba su perfil casi cinematográfico y comprendieron que la cuestión iba por otro lado. Ahora, sin dudas viene lo más difícil: trabajar en conjunto y proponerle un proyecto a largo plazo, inédito en la historia del club. La chance es inmejorable. Caruso Lombardi, y sobre todo Racing, lo merecen.
Categorías: Análisis, Clausura 2009, Entradas, Promedio | Etiquetas: Franco Sosa, Leandro González, Racing Club, Ricardo Caruso Lombardi