En MuyVelez: Se jugó como se juega en la copa. Y cumplió.

Un cierre ideal

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Racing jugó como si no se hubiera salvado de la Promoción y dio vuelta el resultado para derrotar 2 a 1 a Newell’s. Martínez y Lucero, los goleadores. El equipo de Caruso culminó una gran temporada con 30 puntos, y si River no gana este fin de semana, finalizará en la quinta posición.

Treinta puntos. Ni el más optimista hincha de Racing esperaba una campaña así, la más abundante desde el 2005. Claro que aquel era un equipo que peleó por el campeonato y que contaba con jugadores de otra categoría, como Lisandro López. En cambio, a este conjunto de Caruso Lombardi no le sobra nada. Es más, ya le comienza a faltar: antes del partido la gente y sus compañeros despidieron a Zuculini, la joya que con apenas 19 años y un puñado de partidos en primera se fue transferido…

Hay otra diferencia con aquel Racing de Rivarola y Simeone. Y es que éste Racing emociona. No por su juego ni porque sea vistoso, sino por su coraje, sus ganas, por esa manía que tuvieron los jugadores de considerar cualquier pelota como si fuera la última de sus vidas. La gente, la misma que a principios de campeonato se conformaba con jugar la Promoción, comenzó a identificarse con este grupo de muchachos que transpiraban y corrían como si fueran hinchas.  

Por eso las 25 mil personas ayer, a pesar de que la paranoia por la gripe A continúe en la curva ascendente. Seguramente, Racing terminará este torneo como uno de los tres clubes con más entradadas vendidas. Y el equipo, lejos de achancharse por el cumplimiento del objetivo trazado, recogió el aliento que llegaba desde el Cilindro y salió una vez más a batallar, como si se tratara de una fecha a mitad de campeonato.

Ayer, este plantel hizo lo que ningún otro Racing pudo en dos años: dar vuelta un resultado. Era el plus que le faltaba a éste equipo para convertirse en una amenaza seria, real para cualquiera. Llegó en la la última fecha, pero no importa. Es bueno para el futuro que estos jugadores sepan que los partidos no se vienen abajo con el primer gol en contra, algo que sucedió siempre en las eras de Costas, Micó y Llop.

Tras el gol de Machuca en el inicio, los Caruso boys no se desesperaron. Está bien, jugaban sin el aliento en la nuca de la Promoción. Pero tampoco se relajaron: los centrales ajustaron las tuercas, Yacob y Wagner (se perfila como el reemplazante de Zucu) coparon la mitad de la cancha, Lluy y Lucero no dejaron de despegar por las bandas y Lugüercio volvió a explotar su extraña habilidad.  Hasta Caballero, el más resistido, se convirtió en un referente serio dentro del área.

Desde los 20′ del primer tiempo, Racing se llevó puesto a Newell’s. El golazo de cabeza de Martínez (se está transformando en uno de los mejores cabeceadores ofensivos del medio local) fue el inicio de la supremacía que duró hasta el final del partido. La Academia fue con todo a ganar, nunca le interesó el empate. El mejor ejemplo apareció tras un córner a favor, cuando abajo sólo quedó Cáceres para marcar a Da Silva, que avanzó 70 metros con la pelota hasta Migliore.

El gol de Lucero, tras una buena jugada colectiva y el testazo para bajar la pelota de Caballero, no extrañó a nadie. Tampoco el coraje del mendocino, que se tiró de cabeza para anotar a pesar de una patada en la frente de Insaurralde. Y tras ese tanto, Racing siguió presionando y metiendo como siempre. Incluso pudo llegar al tercero, pero Caffa y el palo le negaron el grito a Mercado.

Caruso moldeó a este grupo como pretendía. Racing no sabe más que morder, correr, meter, marcar, y jugar cuando es absolutamente necesario. Ese es un enorme mérito: los jugadores conocen a la perfección sus limitaciones y administran sus energías para dar los golpes en el momento adecuado, justo cuando los rivales sienten el trajín del roce permanente que propone este equipo desde el minuto cero.

Ahora llega una etapa de recambio, muchos se irán y otros llegarán. Pero no hay dudas de que el camino a seguir es éste. Aquí no hay lugar para lujos, tacos y gambetas; aquí sólo queda espacio para las pelotas paradas de Franco Sosa, las corajeadas de Lugüercio (ojalá siga en el club), el timming de Yacob, la seguridad de Aveldaño, Martínez y Migliore y la garra del resto.

Sobre estos cimientos, Caruso deberá construir la esperanza de miles de hinchas. Los que nunca dejan de alentar, y que sueñan desde hace meses en la posibilidad de no pensar en el descenso, y de volver a ver al amor de su vida disputando alguna copa internacional.

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