Tres refuerzos a medida

Caruso los pidió y ya los tiene. Se trata de Matías Cahais, Damián Ledesma y Damián Steinert, tres futbolistas que no se encuentran precisamente en el pico de sus carreras. Como le gustan al entrenador: con hambre de revancha. Y a la vez, con el desafío de recuperarlos y así agrandar su figura de técnico restaurador.
En la tarde de ayer llegaron las buenas noticias. A la reincorporación de Pablo Migliore se sumaron los acuerdos por los tres futbolistas mencionados. Repasemos de quiénes se trata:
-Matías Cahais: defensor central o lateral izquierdo. 21 años, 1,86 metro. Hizo su aparición en la Primera de Boca a los 17 años, cuando era considerado una de las grandes promesas de la cantera xeneize, a punto de pasar al Real Madrid. Su grosero error en aquella recordada final frente a Estudiantes (que derivó en el gol definitorio de Mariano Pavone), hizo que cayera en desgracia. No pasó al Merengue sino al modesto Groningen de Holanda y luego al ya descendido Gimnasia de Jujuy. Se trata de un defensor de unas cualidades técnicas indiscutibles, con buen juego áreo y gran destreza. Pero al que habrá que recuperar anímicamente para que vuelva a ser aquel líder de los seleccionados juveniles.
-Damián Ledesma: volante central o defensor central. 27 años, 1,86 metro. El de Chirola es un caso especial. Debutó tarde en la Primera de Rosario Central (a los 22 años) pero se ganó un lugar con todos los entrenadores. Es un jugador eminentemente táctico, a quien su escasa velocidad lo traiciona en variadas ocasiones. En su mejor momento, se caracterizó por su buena ubicación y mejor distribución. Cumple con uno de los requisitos carusianos: firmeza en el juego áreo. Viene de un pésimo paso por Independiente, mostrando su peor versión como volante derecho.
-Damián Steinert: 23 años. Es LA apuesta. Deslumbró en sus inicios por su velocidad y su gambeta. Uno de esos atorrantes que, si se iluminan, pueden decidir el rumbo de un partido. Extremadamente lagunero, eso lo perjudicó. A veces parece deambular por la cancha, como la mayoría de los futbolistas de su especie. Si Caruso logra recuperarlo, será un importante recambio para Lugüercio. Si no, tendrá que comprar algunos juegos de tapones para los oídos.
No hay incorporaciones rutilantes, ni tampoco las habrá. Por el momento, los dirigentes están cumpliendo con los pedidos del entrenador que, por lo visto, busca armar otro equipo a su medida. Se dice que lo hace para que sólo su figura brille. Mientras siga cosechando puntos, eso no le importará a nadie.
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