Nos secuestraron los goles

Racing jugó su peor partido de los últimos meses y perdió merecidamente 1 a 0 con un Central plagado de juveniles, que metió, corrió y ganó a lo Caruso. La Academia hizo un aceptable primer tiempo, pero regaló el segundo por falta de fútbol y de convicción. La derrota preocupa por el resultado y por el pésimo nivel demostrado.
Promediaban los 20′ del PT. Racing, sin mucha claridad, iba al ataque con las proyecciones de Lluy y el sorprendente Lugüercio, cada vez más criterioso a pesar de que su fuerte pasa por la entrega y el poderío físico. Sin embargo, alguien en la platea visitante del Gigante de Arroyito advierte: “No hay que dejar que agrandar a estos pendejos, porque se puede complicar”. Un minuto después, Jonathan Gómez, en su debut en Primera, hizo pasar de largo a Cahais. La gente explotó. Y luego llegó el misil de Nuñez y la reacción algo tardía de Santillo.
Hasta ahí, Racing había sido levemente superior. Pero el gol cambió todo. Los pibes de Central sintieron convicción en lo que estaban haciendo. Racing, en cambio, se desdibujó física y animicamente, a pesar de que tuvo algunas chances para empatarlo. Antes del quiebre, Ramírez había cabeceado a las manos de Broun tras un buen centro de Lluy. Y después, el solitario Lugüercio desparramó a tres defensores, pero su remate fue controlado por “Fatu”.
Y el segundo tiempo casi estuvo de más, a no ser por un tiro libre de Cahais que el arquero canalla tapó con solvencia. Central esperó firme en el fondo, y controló el partido con el despliegue de Méndez y la testosterona a flor de piel producida por el “Vamo, vamo los pibes” que bajaba como catarata del Gigante. Inclusive, el Canalla pudo liquidarlo de contra, pero una tapada de Santillo y la solvencia de Martínez congelaron el tablero electrónico hasta el final.
¿Tuvo la culpa Santillo en el gol? Es difícil de determinar. Es cierto que su reacción fue un poco lenta. Pero hay varios condimentos que juegan a favor del indulto. La jugada venía de derecha a izquierda, y cuando remata Nuñez, el arquero venía siguiendo las acciones y quedó a contrapierna. Además, estaba tapado por Lluy y Mercado: la pelota pasa entre ellos dos, pega en el palo más lejano y se mete en el arco con mucha violencia. Fue un golazo, hay más mérito del jugador que responsabilidad del ex Banfield. Luego demostró muchos reflejos y hasta personalidad, aunque dudó en algunas salidas.
Pero en el arco no está lo más preocupante, ni tampoco en la defensa, donde Racing tiene bien aprendido el libreto hace meses. De hecho, Central llegó al gol por un misil de otro partido, y no hizo mucho más. El problema pasa por el ataque. Ledesma tuvo un debut para el olvido. Y se extrañó horrores a Zuculini, el único mediocampista que rompía líneas adversarias por sorpresa. Sin él, Racing es aún más previsible de lo que ya era.
Quizás la solución pase por Grazzini, el único creativo nato del plantel, que cuando ingresó dejó algunos destellos interesantes. Pero tampoco es fácil romper el doble cinco que tantos resultados dio: si ayer Racing se traia un punto, el “Mágico” continuaría siendo una buena opción desde el banco. Ahora, con la urgencia de la caída en el arranque del torneo, será solicitado por la hinchada.
Otra cuestión que preocupa, y aún más, es la falta de carácter, de convicción. Racing pareció entregado en el segundo tiempo. Raro en un equipo que, justamente, se sobrepuso a varias situaciones adversas gracias a una notable fortaleza anímica. Caruso había abierto el paragüas durante la semana: “No llegamos tan bien”, advirtió. Por suerte, aún hay mucho tiempo para mejorar.
Categorías: Análisis, Apertura 2009, General | Etiquetas: Pablo Santillo, Racing Club, Ricardo Caruso Lombardi, Rosario Central