Ni con uno de más

Aunque le sobró un hombre durante más de 60 minutos por la expulsión de Aureliano Torres, Racing apenas empató sin goles con San Lorenzo. El equipo de Caruso mejoró defensivamente, pero volvió a decepcionar en ataque, y la gente silbó a los jugadores en el final. Panorama incierto justo una semana antes del clásico con Independiente.
No se termina de acomodar. Cuando parece que después de tantas pálidas el Barba por fin le tira un centro a la cabeza, Racing sólo piensa en autoboicotearse. Y entonces, automáticamente, el hombre de más pasa a ser casi uno menos propio. Los rivales se atreven y ganan en criterio y claridad. La pelota va y viene cerca de De Olivera, que sufre algunos sofocones. Cuando hay que mirar al frente, los ojos se nublan hasta que el referí se apiada y pita.
Así está Racing en éste campeonato. A contramano. Le ganan con goles de otros planetas (vs Rosario Central). Lo embocan por errores infantiles (vs Colón). No la emboca cuando mejor juega (vs Arsenal). Y cuando juega mal y aún así la emboca de carambola, se lo empatan al final (vs Gimnasia). Y hoy, cuando Aureliano Torres dejó con diez a San Lorenzo, Caruso entendió que la frescura del pibe Fariña era mucho menos que la improbable potencia de un (ex) jugador como Castromán.
Hasta allí, Racing había hecho un aceptable partido. San Lorenzo no lo había inquietado salvo por un remate lejano de Romagnoli, que encontró a De Olivera a contrapierna. El lungo, cada vez más seguro, se estiró abajo y junto al palo para mandarla al córner en una de las atajadas de la fecha. Pero las más claras habían estado del otro lado: Cáceres llegó hasta el fondo pero su buscapié no encontró a Grazzini, y Lugüercio siguió con su preocupante costumbre de hacer todo bien hasta que llega el momento de resolver frente al arco.
Desde el momento en que tuvo un hombre de más, Racing se encegueció. Grazzini perdió en Fariña a su socio de juego. Castromán es apenas una sombra del que jugó un buen partido ante Boca el campeonato pasado, y mostró una falta de criterio alarmante (no hablemos de cuestiones físicas) para un jugador de su nivel. Para colmo, Lugüercio se fue lesionado y Ramírez entró para caldear los ánimos de los hinchas con su habituales trotecitos al tranco. Lucas y Tito son los dos delanteros de mayor categoría del plantel. Se los necesita mucho, pero aparecieron en gotitas desde que están en el club. ¿Les llegará su última oportunidad?
Cuando los minutos pasaron y San Lorenzo vio que Racing cumplía a rajatabla con el libreto defensivo (planificado desde el vamos antes de llegar al Nuevo Gasómetro), pero no el ofensivo, se soltó. Y estuvo a punto de ganarlo en los últimos diez. Pero tampoco tiene mucho material y se conformó con un empate en cero que fue el reflejo de un partido totalmente olvidable.
El próximo fin de semana, el ciclo de Caruso tendrá su punto de inflexión: una victoria en el clásico de Avellaneda marcaría un nuevo punto de partida hacia una buena campaña. Una derrota, en cambio, comenzaría a complicar enormemente el panorama de Richard y de Racing con el promedio. Se terminó el tiempo para especular con empates. Es hora de ganar, sea como sea.
Aunque tampoco hay que desesperar. Caruso está haciendo una notable campaña desde que asumió. Tiene crédito de sobra para superar este momento y en eso tendrían que pensar los hinchas que piden su renuncia: por primera vez en años, Racing está a cinco puntos de clasificar a la Libertadores. Claro, también está en zona de Promoción. Pero aún falta mucho por recorrer.
Categorías: Análisis, Apertura 2009, General | Etiquetas: Jorge De Olivera, Lucas Castromán, Luis Fariña, Pablo Lugüercio, Racing Club, Ricardo Caruso