
"Uy no, vinieron los mufas de la cana, nos van a romper las cábalas. ¡Rajemos!"
En Muy Racing somos re zarpados y queremos superarnos permanentemente. Por eso, te mostramos el minuto a minuto del triunfo ante Banfield como nadie nunca lo hizo: desde la tribuna del Cilindro.
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Crecí escuchando estas frases: “Uy no, hoy perdemos. Mirá, vino el mufa éste. Ni lo saludes, no lo quiero ni ver”. “Hoy ganamos. Está Juancito. Esperá que le voy a dar un beso. Pero vos quedate acá”. Ir a la cancha con Walter era someterse a un mundo fascinante de cábalas inverosímiles. Por ellas, había que hacerle una visita a Higinio (su padre y gloria del club en los 50s) y dejarle flores en la tumba antes de cada clásico, aunque ellos supusiera llegar a los 25 minutos de comenzado el partido. O pedir café una vez por tiempo, ya fuera invierno o un día de 35 grados de temperatura. Ahí debe radicar el porqué de mi gastritis. Dos cafés de cancha con sólo 8 años de edad…
A mis 17 (cuando Walter se fue a mirar todos los partidos junto a Higinio) sentí, además de una profunda tristeza por perder a mi tío adoptivo/amigo/compañero de cancha/confidente de entretiempos eternos, una especie de alivio por no tener que cumplir con todos esos ritos que yo, a partir de mi educación católica, sentía como ridículos.
Trece años después, caigo en la cuenta de que alguna semilla perdida ha comenzado a germinar, con una fuerza casi imposible de detener…
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